¿La K-Z del Carnaval será el refugio definitivo para el picó popular en Barranquilla?


La ciudad de Barranquilla se prepara para una transformación histórica. El reciente anuncio del alcalde Alejandro Char sobre la creación de la "K-Z del Carnaval", que ocupará la antigua Bodega Águila en el emblemático Barrio Abajo, ha generado un mar de expectativas. Con una inversión aprobada de 4.500 millones de pesos, este proyecto promete que la magia de las festividades locales no se limite solo a los días de febrero, sino que se viva los 365 días del año. Sin embargo, detrás del brillo del anuncio, surge una pregunta que golpea el corazón de nuestra identidad: ¿tendrán los picós el protagonismo que merecen en este recinto o serán tratados como un adorno folclórico mientras afuera se les sigue persiguiendo?


¿El pico tendrá su espacio? La verbena popular debe ser protagonista


En la cultura barranquillera, el picó (o pick-up) no es un simple sistema de sonido; es un integrante más de la familia, el motor de la economía barrial y el eje donde se construye la identidad sonora del Caribe. No obstante, existe una desconexión histórica: mientras el Carnaval es Patrimonio de la Humanidad, la manifestación cultural que le da vida en los barrios, la verbena, vive bajo el constante asedio de la prohibición y la burocracia.


Holman Pérez, director de arte del Barrio La Paz, es enfático al respecto: "El picotero vive una lucha constante por un lugar donde tocar. Muchos eventos mueren en el intento por falta de espacios seguros y por la estigmatización institucional. Si el Estado quiere que el Carnaval viva todo el año, tiene que empezar por abrir la puerta a quienes realmente hacen que la gente baile".


La realidad de la calle: de la persecución a la oportunidad


La problemática es clara: los organizadores de eventos deben lidiar con una serie de permisos que, frecuentemente, son denegados bajo argumentos de seguridad y orden público. Eventos icónicos, como las jornadas de PAL bailador, han sufrido los embates de estas restricciones en sectores como Las Nieves. Cuando la administración pública le cierra las puertas a estos espacios, no solo castiga a una industria, sino que silencia la historia viva de los barrios.


La K-Z del Carnaval debe ser, por definición, el escenario que corrija este error. El Distrito tiene la oportunidad histórica de transformar la infraestructura de la antigua bodega en un escenario real de verbena, dotado con las condiciones técnicas necesarias para que los colectivos de picoteros puedan autogestionar sus eventos con respaldo institucional.



Crítica: más que cemento, necesitamos voluntad


Nuestra crítica es constructiva pero firme: de nada sirve un recinto dotado con instrumentos y zonas de aprendizaje si el picó popular sigue siendo visto como un problema. La inversión de 4.500 millones de pesos debe traducirse en políticas de facilitación, no solo en muros de concreto.


Barranquilla necesita dejar de ver al picó como un factor de desorden y empezar a tratarlo como la columna vertebral de nuestra identidad. Si el objetivo es que el Carnaval se viva todo el año, la K-Z tiene que garantizar espacios donde la potencia de un buen sound system local sea celebrada, no restringida. Esperamos que este proyecto no sea solo un museo para turistas, sino un bastión para el bailador, para el picotero y para esa verbena que nunca muere, pero que exige, con toda razón, un lugar donde tocar con dignidad.




 
 
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